Shaolin Kungfu - Taichichuan

Artes Marciales Chinas Tradicionales

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HISTORIAS DE LA FAMILIA YANG

Posted on March 11, 2020 at 11:45 AM


GRANDES MAESTROS DE KUNGFU

Anécdotas de las tres primeras generaciones de la familia Yang

 

Una de las figuras legendarias del Kungfu o Wushu tradicional (arte marcial chino) es Yang Lu Chan, apodado como “Yang, el Invencible”, pero sus hijos y nietos fueron también grandes maestros de Taichichuan, llegando a enseñar en su época a miembros de la Corte Imperial, y más importante, a soldados de la Guardia Imperial.

Su estilo de kungfu, el Taichichuan de la familia Yang ha llegado a nuestros días como el tipo de Taichi más practicado y conocido en todo el mundo, pero desgraciadamente esta popularización nos ha llevado a una versión actual diluída, superficial y comercial, que en el 90% de los casos, ni siquiera llega a ser una sombra de la grandeza del arte original para la salud, combate y cultivo espiritual.

He recopilado anécdotas y hazañas de Yang Lu Chan (1799-1872), sus hijos, Yang Ban Hou (1837-1892) y Yang Jian Hou (1839-1917), y sus nietos, Yang Shao Hou (1862-1930) y Yang Cheng Fu (1883-1936), a partir de mi bastante extensa colección de libros.

A los amantes del Kungfu y de las Artes Marciales Orientales, en general, os servirá de inspiración y disfrutaréis de éstas historias, testimonio del alto nivel de éstas tres generaciones de maestros de la familia Yang.

YANG LU CHAN “YANG, EL INVENCIBLE”

Nacido en una familia de agricultores, había practicado algún estilo de Shaolin como base pero sin llegar a más, un día observó como el propietario de una farmacia tradicional echaba a un delincuente de su establecimiento de un sólo golpe, admirado por su habilidad, le preguntó y éste le dijo que practicaba Mien Chuan (Puño de Algodón), ante su insitencia. Le dijo que fuera a la aldea de Chen Chia Guo, donde un maestro llamado Chen Chan Xing enseñaba el arte de la familia Chen.

Yang Lu Chan vendió todas sus posesiones para poder viajar hasta allí. Finalmente, le aceptaron como sirviente y se le permitía practicar pero sin aprender los secretos que se reservaban sólo a miembros de la familia Chen. Tras unos años, Yang Lu Chan, una noche escuchó un ruido en el patio, y se asomó por encima del muro para ver lo que ocurría. Se trataba de enseñanzas sobre técnicas, teorías y fuerza interna. Desde esa noche, cada día estuvo espiando las enseñanzas. Finalmente, un día practicó combate con varios discípulos y nadie puedo vencerle. Chan Chen Xing, que le había observado durante varios años y viendo que era paciente y honesto, decidió enseñarle sin reservas el arte.

Yang Lu Chan retornó a su ciudad de origen, y nunca fue derrotado en ningún duelo, de ahí, su sobrenombre de “Yang, el Invencible”.

En una ocasión, una familia de nuevos ricos de Beijing organizó un encuentro con varios maestros de artes marciales, de hecho, algunos de los empleados de la familia eran practicantes de artes marciales, y conocidos por su fuerza física. Yang Lu Chan fue invitado, pero al ver que era pequeño y de apariencia frágil, fue despreciado.

Durante la comida, le preguntaron con sarcasmo, ¿Tu estilo realmente sirve para pelear?. A lo que Yang Lu Chan respondió; “Sólo hay tres tipos de hombre a los que no puedo vencer?, ¿Qué tipos de persona son esos?...le preguntaron...Yang Lu Chan respondió “Los que están hechos de madera, cobre o hierro”.

Entre los maestros presentes, varios se ofrecieron para ponerlo a prueba, Yang Lu Chan les dijo “En una competición abierta, dejemos las ceremonias, sin preocuparnos de la muerte. Si ésto acaba en tragedia, no habrá represalias”.

Un maestro saltó sobre Yang Lu Chan atacando con el puño, pero un leve movimiento de manos hizo que saliera despedido varios metros, cayendo herido y sangrando. Uno de sus colegas, enfurecido, fue en defensa de su amigo y sufrió la misma suerte. Tras ésto, el resto no se atrevieron a continuar.

El anfitrión, se disculpó y arregló para que Yang Lu Chan fuera tratado con preferencia y le preparó un lugar especial en la mesa del banquete que se celebró a continuación, gesto que Yang Lu Chan consideró poco sincero, yéndose inmediatamente.

Cuando todavía no era famoso, Yang Lu Chan, trabajó de peón en el puerto. Una vez, fue emboscado por unos 20 hombres, porque no quería unirse a la mafia del puerto. Como eran muchos hombres a la vez, Yang Lu Chan, pensó que tendría que herir gravemente a varios de ellos. Así que se le ocurrió enrollar su capa sobre su cuerpo, se dobló como una bola en el suelo y dejó que le apalizaran. Al día siguiente, apareció en el trabajo como siempre, sin rastro de heridas, pero ninguno de sus atacantes había venido a trabajar, todos tenían doloridos los brazos, piernas y cuerpo y se encontraban mal.

Dada su fama, muchos llegaron a retarle, en una ocasión, Yang Lu Chan estaba pescando en el río, cuando sintió que alguien quería atacarle por la espalda, en ese momento, usando el patrón de Taichi conocido como “Palmear la cabeza del Caballo”, aprovechó para lanzar al río al atacante.

En otra ocasión, el Principe Duan miembro de una de las varias familias reales de la capital, Beijing, supo que muchos de los luchadores que tenía empleados estaban ansiosos de medirse con Yang Lu Chan, pero él siempre declinaba sus peticiones, pero finalmente, un día, un practicante de gran nivel quiso hacer una prueba de fuerza y sugerió que se sentaran uno frente al otro en dos sillas y empujaran uno contra el otro con un puño como contacto. Al poco rato, el practicante comenzó a sudar y su silla crujía como si estuviera a punto de romperse, mientras Yang Lu Chan parecía tan sereno y elegante como siempre. Para no humillar a su oponente, se levantó y declaró: “la habilidad de éste maestro es muy buena, lo que ocurre es que su silla es menos firme”. El hombre quedó tan conmovido por la modestia de Yang Lu Chan que nunca cesó de hablar bien de él.

Yang también era muy bueno con la lanza, podía levantar objetos con ella. También era capaz de lanzar flechas con las manos, sin el arco y acertar siempre.

En Shenxi, había un maestro que tenía la reputación de poder levantar 200 kilos y caminar más de 50 kilómetros al día, tenía más de 500 alumnos. Oyó hablar de la reputación de Yang Lu Chan y quisó probarlo: “Me pregunto si la lanza del Taichichuan tiene utilidad práctica?” Le atacó con su lanza y Yang Lu Chan dobló su cuerpo y giró, el atacante volvió a presionar y el maestro permaneció vacío, finalmente el atacante probó una estocada, pero Yang Lu Chan, aprovechando la inercia que llegaba, sacudió su lanza, enviando la lanza del atacante por los aires recta como una varilla de incienso, al mismo tiempo que hería en la cara al atacante que cayo a unos metros de distancia. Éste se levanto, se disculpó y con humildad, viendo que había encontrado a alguien superior, le pidió ser su alumno.

Un día, estaba sentado en la escalera, meditando, y llegó un monje fuerte y alto, que le expresó su admiración. Yang Lu Chan iba a responder, cuando de repente, el monje le atacó. El maestro cedió levemente y golpeo con su palma el puño del atacante, haciendo que saliera despedido detrás de un biombo, como si lo hubiera alcanzado un rayo. El monje se disculpo por haber sido tan grosero y se quedó un rato a charlar. Resultó ser un monje Shaolin. Le preguntó: “¿Cómo pude ser sorprendido?. Yang Lu Chan respondió; “Porque siempre estoy en guardia”...el monje le dijo: “He recorrido muchas provincias pero nunca he encontrado a nadie que os iguale... os ruego me enseñéis el secreto de la ligereza y sensibilidad del Taichi”.

En otra ocasión, Yang Lu Chan estaba luchando sobre los muros de la ciudad, su oponente retrocedió y cayó al vacío, Yang Lu Chan saltó desde una distancia de unos cinco metros y agarrándole del pie, le salvó la vida.

Cuando Yang Lu Chan estaba en Beijing, un experto en puntos de presión se enfrentó a él, Yang cogió rápidamente su muñeca y utilizó la técnica de “agarrar los tendones”, impidiendo que pudiera mover los dedos y haciéndole levantar los pies del suelo. Yang Lu Chan le dijo a continuación: “No te averguences de tu habilidad, si no fuera por tus años de dura práctica, te habrías lesionado gravemente”.

En otra historia sobre sus habilidades, ante la insistencia de un hombre que quería ponerlo a prueba, le dijo; “de acuerdo, te voy a dejar que me pegues tres veces”. El retador, le golpeó con todas sus fuerzas en el abdomen, Yang Lu Chan se rió y con el sólo movimiento del abdomen, mandó al adversario al suelo.

Uno discípulo llamado Fu Eyre, explicó que el gran maestro Yang Lu Chan, solía aparecer de vez en cuando para charlar un rato cuando ya era mayor. En una ocasión. estaba lloviendo y las calles estaban llenas de barro, de repente Yang Lu Chan llegó y las suelas de sus zapatillas estaban tan blancas como si fueran nuevas, sin una mota de polvo. Poseía la habilidad kungfu de “Pisar la nieve si dejar huella”.

A Yang Lu Chan no le gustaba hacer enemigos, por lo que siempre intentaba hacer que la derrota de sus oponentes fuera lo menos humillante posible, y para ello debía ser tres veces mejor que ellos, como mínimo. Necesitó ser muy bueno para poder ser instructor oficial de la familia imperial y sus guardias, aún así, fue objeto de muchos desafios y algunos tuvo que aceptarlos. Se dice que incluso llegó a enfrentarse al gran maestro fundador del Baguazahang, Tung Hai Chuan, e hizo que el combate pareciera un empate para no enfadarle.

Un día el gran maestro Yang Lu Chan, reunió a sus discípulos, dijo que se iba de viaje, pero al llegar a su casa, extrañamente, no había ningún carruaje. El maestro se sento en el salón y los discípulos le presentaron sus respetos. Yang Lu Chan habló a cada uno dándoles ánimos e instrucciones. Tras un rato, sacudió su manga, se sento bien erguido y falleció.

YANG BAN HOU

Yang Ban Hou fue instruido por su padre con un entrenamiento tan duro, que en una ocasión se escapó de casa. Yang Ban Hou tenía un temperamento muy fuerte y le gustaba pelear, y a menudo, sus oponentes salían heridos.

Uno de los mejores maestros de Beijing, le desafió a combatir, cuando Yang Ban Hou salía de la casa hacia el jardín, le atacó por detrás con la intención de “sacar la luz”, una expresión kungfu que quiere significa sacarle los ojos, en un rápido movimiento, Yang Ban Hou giro y desvió su ataque haciéndole caer al suelo.

Otro maestro, apodado “Fuerza Todopoderosa”, presumía de que no había nadie en China capaz de derrotarlo, tenía la reputación de pulverizar piedras con sus manos y desafió a Yang Lu Chan. Como a éste no el apetecía ir hasta Beijing, su hijo, Yang Ban Hou, belicoso por naturaleza, aceptó el reto.

Yang Ban Hou llegó en un caballo blanco y había cientos de personas esperando para verlo. La mayoría de espectadores no creían que tuviera ninguna posibilidad ante el musculoso “Fuerza todopoderosa”, y temían por su vida. El primer ataque de puño, fue esquivado por Yang Ban Hou, y cayó sobre una piedra vertical que estaba al lado de la plataforma (leitai) de combate y se rompió en varios pedazos. Tras el segundo ataque, Yang Ban Hou emitió un fuerte grito, inmovilizó y lanzó al suelo a su adversario. Mientras la gente aplaudía, Yang Ban Hou, montó a su caballo y se fue.

Yang Ban Hou solía practicar con una barra de hierro. Una vez, un espectador se rió de él, Yang Ban Hou lo lanzó con la punta de la barra hasta un tejado. El hombre, atemorizado le pidió perdón y Yang Ban Hou le ayudó a bajar de nuevo con su barra de hierro ante las risas del resto de espectadores.

En otra ocasión. Yang Ban Hou peleó contra un oponente que logró agarrarle su muñeca, pero usando su fuerza interna le venció fácilmente. Orgulloso, fue a contárselo a su padre Yang lu Chan, pero éste al ver que se había roto la manga, le criticó por haber tenido que usar demasiada fuerza y no poseer aún la exquisita técnica del Taichichuan.

A menudo, quienes eran golpeados por Yang Ban Hou, acababan saliendo despedidos a cinco metros de distancia y manchas rojas aparecían en sus cuerpos.

Un discípulo relató lo que vió ante la desgraciada muerte de la hija de Yang Ban Hou, la chica murió de repente por una enfermedad aguda, En su dolor, pensando que nadie le veía, Yang Ban Hou saltó, quedando suspendido en el aire a más de dos metros de altura, sin querer había revelado su habilidad kungfu llamada “arte de la ligereza”.

Aunque los Yang eran conocidos por su kungfu, llevaban una vida modesta y ordinaria sin revelar sus habilidades, los que no conocían quiénes eran, nunca hubieran sospechado nada a partir de su apariencia. Un día un sureño, le hizo una visita a Yang Ban Hou, “He oído, señor, que posee una habilidad extraordinaria, que su fuerza de taichichuan es maravillosa, como una cola que se adhiere a sus oponentes impidiendo que puedan huir”.

Yang Ban Hou respondió: “Apenas sé una pequeña parte de lo que sabían mis ancestros, ¿cómo podría yo tener esa habilidad?”

El sureño insistió una y otra vez, finalmente, Yang Ban Hou dijo “¿Cómo puede un viejo como yo compararse con usted? ¿Qué propone?

“Hagamos lo siguiente” dijo el hombre, “pondré unos 30 ladrillos separados a medio metro cada uno, yo iré delante y usted detrás, nos moveremos en círculos pisando los ladrillos, y usted tendrá la palma de su mano sobre mi espalda y yo igual, quien pise el suelo o pierda el contacto con la espalda, pierde”.

Comenzaron con pasos lentos, Yang Ban Hou concentró su energía y le siguio en cada paso, al cabo de un rato, el extranjero comenzó a moverse con mucha ligereza y agilidad, acelerando como si fuera un gorrión, Yang Ban Hou siguió sin perder el contacto ni dejar de pisar los ladrillos. El hombre no veía la forma de separarse de Yang Ban Hou, así que de repente, saltó a lo alto de un muro, entonces miró al patio pero no vio a nadie, porque para su sorpresa Yang Ban Hou seguía detrás de él. Yang Ban Hou le dio una palmadita en la espalda y le dijo “Señor, no sea tan malo de cansar a un viejo como yo”.

El sureño perplejo, se quedó a tomar un té de forma amigable y después se fue.

En otra historia, Yang Ban Hou estaba tomando el fresco en verano, de repente, apareció un hombre y le preguntó dónde estaba Yang Ban Hou, le contestó que era él mismo y sin previo aviso, el extraño le atacó violentamente con los dedos. Yang Ban Hou hizo un gesto con la mano y dijo: “amigo, porqué no te vas ahí arriba?” y lo lanzó a lo alto de una choza. Después le dijo “Baja y vete a casa a curarte”.

Un hombre que era alumno de Yang Ban Hou quisó ponerlo a prueba, el maestro le dijo “¿Quieres acabar como un lingote de oro de la dinastía Yuan?”. Combatieron y terminó exactamente así, con piernas y brazos hacia arriba y la cadera hacia abajo, como la imagen de un lingote de la dinastía Yuan. Sufrió una dislocación de la cadera, se curó pero quedo con una pequeña cojera.

El maestro Yang Ban Hou, estaba descansando bajo un árbol en verano, quitándose la camisa, acostumbraba a ponerse granos de mijo en el ombligo, al exhalar, salían disparados como perdigones disparados por una ballesta.

Un día, en el condado de Yong Nian, se declaró un fuego. La ciudad estaba rodeada de agua, pero al haberse declarado el fuego en la época de la cosecha, el interior de la granja estaba lleno de enormes pilas de hierba que arderían fácilemente convirtiendo la zona en un infierno. Yang Ban Hou se apresuró con su lanza y con su habilidad, a toda velocidad lanzaba las pilas de hierba en llamas con su lanza hacia el agua, como si fueran bolas de fuego voladoras que se extingiuían al caer. Así, sofocó el incendio.

YANG JIAN HOU

Yang Jian Hou era muy bueno con las armas tradicionales, lanza, sable y espada. Su carácter era más tranquilo que su hermano Yang Ban Hou, por lo que tuvo muchos estudiantes.

Su padre reconoció que la serenidad de su carácter era un rasgo de la Mente Natural del Tao, estaba dotado para el cultivo espiritual.

En una ocasión, estaba viendo una función de teatro cuando la espada del actor se le escapó en su dirección, Yang Jian Hou no sólo la cogió al vuelo si no que en el mismo movimiento se la devolvió.

En todos los retos con otros maestros, ganó haciéndolos salir despedidos pero sin hacerles daño.

Su habilidad con la espada era tal, que a menudo, practicaba con un plumero contra el oponente que sí usaba la espada.

Con la enseñanza tan estricta de su padre, Yang Jiann Hou, cuando era pequeño, quisó huir de casa e ingresar en un templo, pero al final le convencieron.

Su dominio de la energía y su sensibilidad era tal que era capaz coger un pájaro, ponerlo sobre la palma de su mano, y el pobre pájaro no podía alzar el vuelo, porque no encontraba dónde impulsarse con sus patas.

También era un experto lanzando balas y dardos, pudiendo matar pájaros en pleno vuelo.

Junto a su padre y su hermano, enseño al Principe Pu Lun Bei Zi en el Palacio Real.

En una ocasión, Yang Jian Hou, atravesó un estrecho sendero con ambos lados llenos de barro tras un día de intensa lluvia, un alumno suyo estaba delante, despistado, sin darse cuenta de que el maestro venía por detrás, éste quiso gastarle una broma y posó suavemente su mano sobre su hombro. El alumno sintió como si le hubiera caído una gran viga y se derrumbó...el viejo maestro rió y continuó su camino.

Otro dia estaba de pie hablando a un grupo de unos ocho o nueve alumnos y decidió divertirse, el viejo maestro comenzó a girar y todos salieron despedidos de dos a tres metros sin orden ni concierto.

Yang Jian Hou se convirtió a los 70 años en el instructor de artes marciales del “Shen Wu Ying” (Batallón militar divino). Un día, mientras regresaba a casa, un tipo sin modales le atacó con un palo por detrás, Yang Jian Hou simplemente desvió el golpe y le dio un empujón lanzándolo a gran distancia.

Soñó con su muerte unas horas antes y el día indicado, se bañó, se vistió y llamó a sus parientes y alumnos, se despidió y murió de muerte natural con una sonrisa.

YANG SHOU HOU

Igual que su tío, Yang Ban Hou, el maestro Yang Shou Hou, tenía un carácter fuerte y le gustaba la pelea. A diferencia de su padre, no tuvo muchos seguidores, ya que era agresivo y no dudaba en golpear a sus alumnos.

Se cuenta que un luchador que no pudo vencerle, quiso vengarse, le tiró polvo de limaduras de hierro a los ojos para que no pudiera ver y luego le atacó lanzándole puñetazos. Utilizando la habilidad de “sentir” del Taichichuan, Yang Shou Hou, no sólo desvió todos sus ataques mediante suaves movimientos, sino que lanzo al atacante a varios metros. Solía decir que “Vencer al oponente con los ojos cerrados es el taichi de los Yang”.

También se dice que en una ocasión fue atacado por un perro, con un leve movimiento de su pierna lo mató, enviándolo a varios metros.

Podía acercar o alejar la llama de una vela con la fuerza de su mente.

Su forma de practicar Taichichuan tenía unas características singulares, movimientos cortos y rápidos, con los ojos brillando y una sonrisa seca en su cara, rugiendo y atacando sin piedad...por ello la gente sentía temor ante él. Era feroz y tenía una expresión facial temible.

Sus técnicas incluían agarres, separar tendones, luxaciones, ataques a puntos vitales y arterias, usando ataques súbitos que acababan rápidamente con sus oponentes en el suelo.

En una ocasión, en Beijing, dos hombres atacaron a un anciano, Yang Shou Hou presenció el ataque y se enfureció, en segundos había lanzado a los matones a gran distancia.

YANG CHENG FU

Aprendió con su padre Yang Jian Hou y fue el encargado de popularizar el Yang Taichichuan por toda China. Sin embargo, no se lo tomó tan en serio hasta años después, cuando perseveró en la práctica y dotado de gran talento, alcanzó niveles muy altos. Hombre de gran corpulencia, se dio cuenta de que la sociedad había cambiado y el énfasis del Taichi y de las artes marciales chinas era la contribución a la salud y el fortalecimiento de la nación, por lo que hizo algunas modificaciones en el arte para hacerlo más accesible.

En una ocasión, una sociedad de artes marciales organizó una competición de espada. Un famoso maestro de esgrima le pidió combatir con él, Yang Cheng Fu aceptó con la condición de usar una espada de madera para evitar lesiones graves. Durante el combate el oponente atacó con su espada, Yang Cheng Fu desvió el ataque con su espada de madera, rompiendo la muñeca del adversario. Yang Cheng Fu lamentó profundamente el daño causado.

Yang Cheng Fu era un buen hombre, aunque aguerrido, su Taichichuan era descrito como “una aguja envuelta de algodón”, con movimientos armoniosos y suaves, pero también fuertes y eficaces.

Tuvo un elevado número de discípulos. En una ocasión, un maestro quisó probar sus habilidades, Yang Cheng Fu hizo traer un hilo de seda y le dijo al maestro que cogiera un extremo, mientras él mismo cogía el otro. El reto era ver si podía romper el hilo, haciendo que perdiera el contacto. El hombre se movió rápido y bruscamente, pero Yang Cheng Fu, sentía su movimiento y le seguía en todo momento.

 

 

 

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